La fotografía Boudoir y la Terapéutica – Un regalo para la mujer.

¿Cómo empezó todo?

Hace años que me sumergí en el mundo de la fotografía Boudoir casi sin saberlo.

Como ya os comenté en otra entrada del blog, empecé a autorretratarme cuando era adolescente con el fin de poder expresar lo que llevaba dentro, ya que con palabras no me sentía capaz encontré en la fotografía un canal de comunicación conmigo misma y más tarde con los demás. Me resulta bastante sencillo ponerme delante de mi cámara y dar rienda suelta a ideas y emociones. Supongo que se debe a que yo, y solo yo, estoy al mando de la situación. Lo de “posar” para otra persona ya es otro cuento…

Al principio me hacía muchas fotos, no solo porque intentaba mejorar la técnica, sino porque eso de mirarme… no se me daba bien. Durante mucho tiempo repudié mi cuerpo porque la realidad era un poco cruda. Veía a una chica de 18 años que pesaba 40 kilos y se le marcaban todos los huesos. Tenía moretones a los lados de la pelvis porque al dormir boca abajo me hacía daño el colchón. Había otros tantos en la espalda y en los codos. La palidez y la ojeras eran más notarias de lo normal.

Aclaro que nunca he sufrido ningún tipo de trastorno alimenticio. Mi delgadez se debía a los continuos ataques de ansiedad.

Verme desnuda en una foto era más fácil que en el espejo. En la imagen podía crear y expresar. Podía llegar a mirarme para poco a poco aceptar lo que veía. Finalmente todo eso que no me gustaba de mi cuerpo pasaba a un segundo plano. Lo que me interesaba era ver que debajo de todo aquello había una personalidad muy fuerte escondida, deseando salir. Bajo la piel y los huesos estaba yo. Una mezcla entre fortaleza y fragilidad. Entre lo delicado y lo crudo. A veces agua y otras fuego.

 

Como dice Sharif: “ yo para encontrarme, tuve que perderme, tuve que aprender a desprenderme. Y ahora voy, un poco más libre…”

 

¿Cómo es mi fotografía Boudoir?

Pues a veces me cuesta llamarlo así; Boudoir. Porque lo de etiquetar no es lo mio sobre todo con un trabajo que llevo tan a lo personal y que siempre se termina saliendo de lo establecido.

La importancia que le doy a la ropa, la lencería, el maquillaje, el peinado… es nula. Solo es un decorado. La búsqueda de la sensualidad y la belleza no es siempre el fin último tanto como lo es el encuentro con uno mismo.

A veces en el Boudoir se llora, al reconocerse de una forma que no conocíamos. En otras ocasiones se ríe de entusiasmo. No nos vamos a querer más y mejor de repente, pero si vamos a dar el paso hacia ese camino.

La satisfacción de sentirse libre de ser como realmente queremos en un mundo que nos ata y nos dicta constantemente lo que debe ser, es muy placentera.

¿Qué es lo que busco?

El significado de la fotografía terapéutica se acerca más a mi trabajo en el campo de la fotografía femenina. Confrontar nuestra imagen interna con aquello que nos devuelve el retrato es un medio de autoconocimiento y reconocimiento de la persona que somos, a veces enterrada por nosotros mismos o la sociedad.

Después de todos estos años fotografiando a mujeres he descubierto que me llena profundamente poder ayudar. De la misma forma que me ha servido a mi para encontrarme, porqué no le serviría a otra persona.

Somos más que un cuerpo. Aceptar los complejos físicos.

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Si algo me motivó a seguir en el camino de la fotografía Boudoir y el retrato fue precisamente lo escrito en el título.

 Busco que las personas que dan el paso a fotografiarse la mayoría de las ocasiones, en ropa interior, se sientan cómodas haciéndolo. ¿Pero cómo se consigue eso? En mi caso, tuve que superar mis propios complejos para poder “predicar con el ejemplo”. 

Siempre he tenido en mente una pregunta: “¿El valor de la gente se mide por su cuerpo?.

Si preguntamos a la mayoría de la población qué le gustaría poder cambiar de su físico, es probable que casi el 100% conteste con algo. Celulitis, estrías, pecho, cadera, ojos, manos… Sabéis bien que podemos añadir muchos más.

El problema ya no es solo querer tener algo diferente, sino la etiqueta que le ponemos detrás. Horrible, feo, grande, pequeño, raro… y aquí también podemos seguir añadiendo adjetivos a nuestros cuerpos la mayoría de las veces impuestos por la sociedad casi desde que somos niños pero sobre todo, impuestos por nosotros mismos.

Mi nariz es peculiar pero es mi nariz. No es la de nadie más. A mi esta nariz me hace ser Cristina y no otra persona. ¿La puedo cambiar? Si claro, podría operarme. ¿Sabéis cuántas veces me han dicho que a ver cuando me opero? Cientos. En casa. En la calle. Profesores del instituto. Ex parejas. Amigos. Y gente que no conozco de nada también.

Hay personas que me han dicho como a modo de orden que “lo debo de hacer”. Hay otras que incluso han pretendido meterse en mi cabeza y decir “lo vas a terminar haciendo, seguro”.

Analizando a las personas que se han metido con algo de mi físico, lo han señalado, juzgado, criticado y querido cambiar, he visto que tienen serios problemas consigo mismo, de aceptación y autoestima, buscando “complejos ajenos” porque no son capaces de mirar hacia su interior. Se sienten mejor pensando que los demás también “deben tener” esos problemas.

 

Aquel que vive habiendo aceptado su cuerpo, no vendrá a señalarte nada.

 

Una profesora me soltó en medio de clase “lo vas a terminar haciendo, seguro”. Esa mujer que se operó la nariz unos años atrás seguía observando en los demás su propio complejo.  ¿Será que al final operarse no es la solución definitiva? Parece ser. Al menos en algunos casos.

¿Cuántas se machacan en el gimnasio un día sí y otros también persiguiendo simplemente un físico atractivo que parece que nunca llega? Nunca se conforman. Nunca está del todo bien.

¿Entonces no será la respuesta verdadera, afrontarlo de una manera muchos más eficaz, duradera y placentera como es la ACEPTACIÓN? Puede ser un camino complicado al principio, pero ahí está el reto y también el motivo por el que no lo hacemos. Lo difícil no nos gusta. A mí dámelo hecho.

Con todo esto quiero decir que se puede, si se quiere. Que tenemos que pararnos a analizar seriamente lo que no nos agrada y por qué. Si vamos a dejar que sean los demás los que juzguen lo que está bien o mal de nuestro cuerpo cometemos un error enorme y encima, les damos el privilegio de sentirse con el derecho de hacerlo. Las personas pueden ser muy crueles, pero peor podemos ser con nosotros mismos. Nos dedicamos palabras muy hirientes y eso si que está bajo nuestro total control.

Concédete el placer de ser quien eres. Veo a mujeres capaces de ponerse delante de una cámara y apartar los complejos. De sentirse fuertes y poderosas. Porque son fuertes y poderosas ante todo lo demás. 

 

Hay un párrafo de un texto de Roy Galán que dice así:

“Nosotros y nosotras somos responsables de lo que le hacemos al resto de personas.

También somos responsables del tipo de personas que queremos ser.

Si gente que contribuye a que otros seres humanos se den asco a sí mismos.

O gente que abraza y respeta la diversidad.

Por encima de todo lo demás.”

Así que de nuevo os pregunto: ¿El valor de la gente se mide por su cuerpo?

La verdad de mi fotografía Boudoir. ¿Quién es Cristina Marrodán?

fotografia boudoir para mujeres valientes y fuertes

Ha llegado el momento de presentarse. Me he dado cuenta de que siempre trato de conocer un poquito mejor a la persona que se pone delante de mi cámara. Es realmente importante para mi modo de fotografiar. En ocasiones nos conocemos antes de la sesión, tomamos un café. Otras veces charlamos un rato antes de empezar. Soltáis los nervios, os emocionáis, me habláis un poco sobre vosotras.

 ¿Pero y de mi? no suelo contar nada.

¿Quién es Cristina? ¿Cómo empezó todo su trabajo? Tan importante es que os conozca como que me conozcáis a mí. Después de pensarlo mucho he decidido que este es el lugar y el momento.

Allá voy.

Como ya sabréis soy fotógrafa y una de mis especialidades es el Boudoir. Cuando comencé a retratar a mujeres no sabía que mi estilo pertenecía a un campo concreto de la fotografía, o que al menos parecía tener relación con él. En verdad no sabía gran cosa puesto que mis primeras imágenes fueron de mi misma. Me retrataba mucho. 

Tenía unos 15 años cuando la primera cámara, una pequeña Kodak, llegó a mis manos pero no sería hasta los 17 cuando empezaría a darle sentido de verdad.

Fue con esa edad cuando perdí la virginidad, con un hombre, que abusó de mi sexual y psicologicamente, durante 4 largos años.

Se me acaba de poner un nudo en el estómago al escribir esto. Tengo náuseas. Y las ganas de borrar toda la entrada del blog para hacer como si nada, hablar de otra cosa, no deja de rondarme. Pero no lo voy a hacer porque en ese momento empezó todo.

Uno de mis mayores miedos siempre ha sido que esto afecte a la visión que tiene la gente de mi trabajo. Que sientan pena por mi, que me traten de víctima, que se apiaden. Es algo que me aterra aún hoy. A pesar de que ya han pasado 10 años y por suerte, la visión de la sociedad es diferente. 

La vergüenza, la culpa, el asco, el miedo, las inseguridades… se apoderaban de mi. Era un bucle. Nadie lo sabía, aunque varias personas lo intuían (principalmente mi madre) Yo mentía bien, era una experta en eso. Vivía dos vidas. Una en la que aparentaba normalidad, una chica un poco tímida y cerrada, centrada en sus cosas. Y otra en que vivía amenazada si hablaba. Muerta de miedo durante 4 años. Terminé de desarrollar una enfermedad que ya arrastraba desde muy niña (por motivos que aun desconozco); la ansiedad. Los ataques que empezaron siendo leves y puntuales terminaron convirtiéndose en recurrentes y se alargaban en el tiempo dejándome exhausta, perdida. Sin duda los peores momentos de mi vida los he vivido aquí, cuando la ansiedad ha venido a verme. Me consumía rápido, llegué a pesar 42 kilos, sufría de despersonalización severa cuando un ataque era muy fuerte. 

Voy a cumplir 28 años y aun necesito medicación para esto. Pero no pasa nada, estoy en proceso de dejarlo.

En su momento, cuando insinuaba algo sobre aquello, sentí el rechazo de muchas personas. La indiferencia de mi familia me traumó. (Supongo que se les hizo grande y no sabían cómo “estar”) Cuando quise mirar a mi alrededor no había nadie. Nadie se quedó.  ¿Os habéis dado cuenta, de que parece que la gente se esfuma cuando algo va muy mal? Si quieres salir del hoyo Cristina, vas a tener que hacerlo sola: me dije.

Así fue.

Empecé la terapia conmigo misma porque la psicóloga que tuve no me ayudó mucho. Aquí es donde entra en escena la fotografía, mi salvación. Ya que no expresaba lo que me había ocurrido, ni en ese momento ni tampoco antes, vi que tenía que sacarlo de alguna manera. Las fotos eran malísimas pero conseguía expresarme y al final eso me aliviaba. 

No obstante sabía que el camino sería largo. Tenía que reaprenderlo todo. Cómo tener una relación sana y cómo intimar, cómo superar las inseguridades, cómo perder el miedo constante, cómo dejar de sentir asco, cómo cuidarme, quererme, perdonarme.

Aprendí que las cosas más horribles que pueden decirte y hacerte son aquellas que te dices y te haces a ti mismo. ¿Somos nuestro peor enemigo? Sí, sin duda. Perdonarme por como me trataba y lo mal que me hablaba, lo mucho que me insultaba.. fue sin duda lo más complicado. Perdonarle a él interiormente me costó menos. ¿Entonces, en serio le perdonaste? Sí, el odio y el resentimiento me estaban matando y convirtiéndome en una persona que en verdad no quería ser. Fue liberador. Costoso y doloroso, pero liberador.

¿Cómo hice todo esto? leí mucho. Devoraba libros de autoayuda y psicología (libros muy muy buenos) que me ayudaron a afrontar con ejercicios la mayoría de los problemas. Para los más graves y profundos recurrí a una coach; Mónica. Con ella vino la parte del perdón y el impulso que necesitaba para seguir con la fotografía.  También mi ex pareja ha sido sin duda la persona más valiente y paciente del mundo. Una buena parte de la Cristina que soy hoy, es gracias a él. Apareció en uno de los peores momentos y se quedó. Me enseñó tantas cosas que no tengo palabras para expresar aquí todo mi agradecimiento. 

De todo este caos quería, necesitaba, sacar algo bueno. Con el tiempo conocí a mujeres que habían pasado por cosas semejantes y no podía quedarme de brazos cruzados. Yo que había superado todo eso. Que ya era capaz de mirarme a un espejo sin darme asco. Que ya había aprendido a tener una relación sana, a decir esto sí y esto no. A mil cosas… Yo que había sido fuerte para mi, quería ser fuerte para los demás y ayudar. Necesitaba de todo corazón tender mi mano a otras mujeres con mi trabajo, con mi esfuerzo, con mi sensibilidad para mejorar su autoestima y la forma en que se tratan a ellas mismas.

Así nació el Boudoir.

Y renací yo.

Como dijo Oprah Winfrey y tengo tatuado en mi brazo. “Turn your wounds into wisdom”

Boudoir de Bea. Pura sensualidad y elegancia.

Hace cosa de unos meses me llegó un mensaje de una chica que quería una sesión Boudoir conmigo. Beatriz me pareció decidida desde el primer momento, no tardamos nada en encontrar la fecha idónea para las fotos. Se notaba lo ilusionada que estaba cada vez que me escribía y no hay cosa que más me guste que ver a una clienta emocionada porque me lo transmite hasta el punto de emocionarme yo (muy típico en mi…)

Conozco a su pareja. Un compañero y amigo de EFTI que es todo sonrisas, buen rollo y energía asi que sin conocer mucho a Bea supuse que esos puntos los iban a tener en común y no me equivoqué.

Llegó al hotel en moto, nerviosa, como es lógico, pero con una sonrisa de oreja a oreja. Clara hizo lo propio con el maquillaje y la dejó un poco más espectacular de lo que ya es. Ahí fue cuando Bea me contó un poquito sobre su trabajo y descubrí que es una trotamundos. Ama viajar, conocer mundo, vivir el momento. Se notaba en sus ojos que le apasiona lo que hace y desprendía una gran seguridad en si misma.

Una vez en la habitación, una de las más espectaculares en las que he estado, lo primero que hicimos fue ver la ropa, y yo, como buena amante de la lencería… me quería volver loca. Me enamoré de sus conjuntos al instante pero fue un poco después, cuando Bea empezaba a soltarse y sentirse más cómoda cuando terminó de cautivarme. Se movía sutilmente, con delicadeza, como si llevara toda una vida haciéndolo, regalándome alguna sonrisa y mucha sensualidad.

Verla saltar en la cama fue el resumen de lo que Bea me inspiraba; pasión, energía.


Maquillaje: Clara Pérez

Hotel: Praktik Metropol

Lencería: Intimisimmi

 

Madrid, 18 de Febrero de 2018.

Boudoir de Tamara. Poesía y lencería para su libro.

El día 3 de Marzo hacía frío, mucho frío, pero después de varios días lloviendo y de cielo encapotado nos dieron tregua y el sol salió para Tamara.

A Tamara la conocí cuando trabajé de dependienta. Si algo me asombraba de ella es que desprendía una ligera brisa de ingenuidad y madurez a la par que le hacían encantadora. Cuando nos dijo a Sonia y a mi que va a publicar un libro de poesía y que había pensado en hacerse unas fotos para ilustrarlo nos pareció una idea preciosa, así que nos pusimos manos a la obra. Yo me encargué de la sesión de interior y Sonia del exterior.

Fue fácil y ante todo, bonito. Tamara decía tener vergüenza pero se movía con tanta gracia ante la cámara que parecía estar hecha para ella. Me pregunté si podría escribir con la misma fluidez con la que posaba para mi. Seguramente sí.

Quien bien me conoce sabe que la poesía es una de mis debilidades y pensar que alguna de estas imágenes estará incluida en el libro de una mujer sensible y delicada como ella, pero con una fortaleza dentro increíble, me hace sentirme orgullosa.

Gracias Tamara por tu poesía y tu bella forma de existir.

 

Madrid, 3 de Marzo de 2018.

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