Las preciosas curvas de Ana en su reportaje Boudoir.

Este reportaje Boudoir ha sido muy especial.
Cuando Ana llegó a mi casa, allá por Febrero, dijo que estaba preparada para disfrutar de su momento. Totalmente.
Vino un poco nerviosa pero muy emocionada. No se quitaba la sonrisa de la cara y la ilusión se reflejaba en sus preciosos ojos.
 
Hablamos de un montón de cosas, como de costumbre… porque tengo cuerda para rato…
 
Me contó que muchas veces su cuerpo no es lugar ideal donde le gustaría vivir, pero está empezando a cuidarlo y quererlo. Tal y como se merece.
Que tiene heridas de guerra cicatrizando en su piel. Recordándole de donde viene y a donde no quiere volver. Es una luchadora. Mucho más fuerte de lo que tímidamente dejaba ver.
 
Hablamos de las mujeres con curvas.
De la necesidad de quitarse el caparazón que nos envuelve.
Desprenderse del miedo al qué dirá la gente.
Mirarse con sinceridad.
 
Ana me mostró ese lado dulce y tímido con su sonrisa risueña. Pero hubo un momento en mitad de la sesión en que sacó a la guerrera que lleva dentro. Levantó la cabeza, se miró en el espejo y dijo “aquí estoy yo” mostrando a una Ana decidida, valiente y empoderada

Retrato femenino | Raluca

 

Sesión de retrato, Burgos, 2019.

Los ojo de Raluca me llamaban especialmente la atención. Rasgados, expresivos. Tiene una delicadeza en sus movimientos  un tanto adictiva.  Sabía cómo interpretar aquello que yo tenía en mente. Dulce y cercana. De esas personas que te llevarías a tu casa. Con la que hablar mil horas. Pero después de la sesión se marchó y sentí pena de no tener a alguien como ella un poco más cerca en mi vida.

 

Habría fotografiado a Raluca el día entero pero una mañana fue suficiente para enamorarme de ella.

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Somos más que un cuerpo. Aceptar los complejos físicos.

Aceptar los complejos físicos.

Si algo me motivó a seguir en el camino de la fotografía Boudoir y el retrato fue precisamente lo escrito en el título.

 Busco que las personas que dan el paso a fotografiarse la mayoría de las ocasiones, en ropa interior, se sientan cómodas haciéndolo. ¿Pero cómo se consigue eso? En mi caso, tuve que superar mis propios complejos para poder “predicar con el ejemplo”

Siempre he tenido en mente una pregunta: “¿El valor de la gente se mide por su cuerpo?.

Si preguntamos a la mayoría de la población qué le gustaría poder cambiar de su físico, es probable que casi el 100% conteste con algo. Celulitis, estrías, pecho, cadera, ojos, manos… Sabéis bien que podemos añadir muchos más.

El problema ya no es solo querer tener algo diferente, sino la etiqueta que le ponemos detrás. Horrible, feo, grande, pequeño, raro… y aquí también podemos seguir añadiendo adjetivos a nuestros cuerpos la mayoría de las veces impuestos por la sociedad casi desde que somos niños pero sobre todo, impuestos por nosotros mismos.

Mi nariz es peculiar pero es mi nariz. No es la de nadie más. A mi esta nariz me hace ser Cristina y no otra persona. ¿La puedo cambiar? Si claro, podría operarme. ¿Sabéis cuántas veces me han dicho que a ver cuando me opero? Cientos. En casa. En la calle. Profesores del instituto. Ex parejas. Amigos. Y gente que no conozco de nada también.

Hay personas que me han dicho como a modo de orden que “lo debo de hacer”. Hay otras que incluso han pretendido meterse en mi cabeza y decir “lo vas a terminar haciendo, seguro”.

Analizando a las personas que se han metido con algo de mi físico, lo han señalado, juzgado, criticado y querido cambiar, he visto que tienen serios problemas consigo mismo, de aceptación y autoestima, buscando “complejos ajenos” porque no son capaces de mirar hacia su interior. Se sienten mejor pensando que los demás también “deben tener” esos problemas.

Aquel que vive habiendo aceptado su cuerpo, no vendrá a señalarte nada.

Una profesora me soltó en medio de clase “lo vas a terminar haciendo, seguro”. Esa mujer que se operó la nariz unos años atrás seguía observando en los demás su propio complejo.  ¿Será que al final operarse no es la solución definitiva? Parece ser. Al menos en algunos casos.

¿Cuántas se machacan en el gimnasio un día sí y otros también persiguiendo simplemente un físico atractivo que parece que nunca llega? Nunca se conforman. Nunca está del todo bien.

¿Entonces no será la respuesta verdadera, afrontarlo de una manera muchos más eficaz, duradera y placentera como es la ACEPTACIÓN? Puede ser un camino complicado al principio, pero ahí está el reto y también el motivo por el que no lo hacemos. Lo difícil no nos gusta. A mí dámelo hecho.

Con todo esto quiero decir que se puede, si se quiere. Que tenemos que pararnos a analizar seriamente lo que no nos agrada y por qué. Si vamos a dejar que sean los demás los que juzguen lo que está bien o mal de nuestro cuerpo cometemos un error enorme y encima, les damos el privilegio de sentirse con el derecho de hacerlo. Las personas pueden ser muy crueles, pero peor podemos ser con nosotros mismos. Nos dedicamos palabras muy hirientes y eso si que está bajo nuestro total control.

Concédete el placer de ser quien eres. Veo a mujeres capaces de ponerse delante de una cámara y apartar los complejos. De sentirse fuertes y poderosas. Porque son fuertes y poderosas ante todo lo demás. 

Hay un párrafo de un texto de Roy Galán que dice así:

“Nosotros y nosotras somos responsables de lo que le hacemos al resto de personas.

También somos responsables del tipo de personas que queremos ser.

Si gente que contribuye a que otros seres humanos se den asco a sí mismos.

O gente que abraza y respeta la diversidad.

Por encima de todo lo demás.”

Así que de nuevo os pregunto: ¿El valor de la gente se mide por su cuerpo?

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© CRISTINA MARRODÁN FOTÓGRAFA